lunes, 30 de mayo de 2011

Unidad Para Vencer - Camilo Escalona

30-Abril-2011
1.- El XXIX Congreso General del Partido Socialista ha tomado como señal de identidad, el nombre de Eugenio González, con lo cual se propone subrayar y asumir el aporte de ese notable pensador, académico, filósofo y político a las luchas del socialismo chileno. 

Es un homenaje merecido, pocos como él, hicieron tanto por unir los objetivos de la democracia y el socialismo como aspectos esenciales e inseparables del propósito de conquistar una nueva sociedad. En efecto, para Eugenio González no se podía luchar por la profundización de la democracia sin afirmar y transformar en mayoritarios los objetivos socialistas, asimismo, no se podía ser un socialista consecuente y cabal, sino que a través del irrenunciable camino de la sucesiva consolidación de la democracia. 

Aquella certeza conceptual fue lo que históricamente marcó y debe seguir marcando la identidad de los socialistas chilenos. 

2.- Este fue el camino que se concordó y reafirmó en Diciembre de 1989, al momento de sellarse la unidad socialista y reagruparse las diferentes orgánicas, reconstituyéndose un solo Partido Socialista de Chile. 

De esa manera y no de otra, con la voluntad de ser mayoría y de realizar profundas transformaciones sociales de interés popular en democracia y no de constituirse como minoría contestataria, fue como reemergió nuestro Partido después del largo período de la dictadura. Para ello, el PS se había reunificado de hecho en el Comando por el NO y en la Concertación de Partidos por la Democracia, aún antes de haberse producido formalmente la unidad socialista. 

Nos propusimos, en consecuencia, orientar nuestra acción política con tales grandes parámetros, democráticos y libertarios, desde fuera y dentro del gobierno del país, ganado legítima y democráticamente con la Concertación durante veinte años. El pilar fundamental de tal estrategia fue la derrota política y electoral de la derecha. Primero para reinstalar institucionalmente la democracia y luego para hacer del pluralismo y la diversidad parte esencial de la cultura y la política, de manera que no hubiera posibilidad alguna que se reimplantara un régimen dictatorial en Chile. Tales objetivos fundamentales hicieron de la prolongación de la Concertación una tarea principal. 

En tal sentido, la estrategia de reconstrucción democrática fue ampliamente exitosa. No existe hoy en el escenario político nacional ninguna fuerza que insinúe y menos aún que se proponga la instauración de una dictadura. Un régimen criminal como el de Pinochet, sería rechazado hoy por una buena parte de quienes livianamente se pudiesen considerar pinochetistas. Lo que está pendiente es el reconocimiento autocrítico de la derecha por haber participado y sostenido un régimen atroz, como lo fue el régimen del que fueron actor esencial, tan gustosamente casi dos décadas. Su responsabilidad política en la violación de los Derechos Humanos en Chile marca y marcará como una vergüenza imborrable a la derecha chilena. 

3.- Así mismo, la superación de la miseria de más de un tercio de la población, la solución del endeudamiento crónico de la economía, la condena nacional del terrorismo de Estado, la protección social; la estabilidad institucional, los avances civiles y económicos y la reinserción internacional nos permitieron luego de veinte años, establecer sin que nadie lo pueda desconocer un país más seguro, robusto, tolerante y vigoroso. 

Chile resistió bajo el gobierno de la Presidenta Bachelet lo que muchos consideran la crisis global más tremenda del sistema capitalista desde la Gran Depresión de 1929. El país tuvo capacidad para financiar las políticas sociales e inyectar financiamiento a la economía gracias a una política de responsabilidad fiscal que acumuló los recursos suficientes para una acción económica contracíclica, informando debidamente al Parlamento y a todos los partidos políticos sin excepción, en una actitud que hoy no se observa; por el contrario, el manejo del Presupuesto merece severos reparos por su utilización discrecional y carente de los niveles de transparencia que hoy son posibles y exigibles legítimamente por la oposición en el Congreso Nacional. 

A pesar de lo logrado, la restauración democrática adolece de serias debilidades. Los gobiernos de la Concertación redujeron drásticamente la pobreza y avanzaron en la instalación de un sistema de protección social que en Chile no existía. Debo señalar con orgullo que el gobierno liderado por Bachelet logró avanzar como nuestros anteriores gobiernos no habían conseguido hacerlo, a pesar del llamado fenómeno de los “díscolos” que luego devino en escisión de la Concertación, y que extrañamente levantaba alegre las palmas frente al aplauso de la derecha por su obstrucción al gobierno que encabezaba una militante socialista. Igual, el sistema de protección social progresó como no lo había hecho hasta entonces. Pero, la tarea no ha concluido y hay labores pendientes. La más severa de todas ellas, la superación de la desigualdad económica y social que se resiste a retroceder y que bajo el gobierno de la derecha amenaza con extenderse; a raíz de su fe insensata en que el libremercadismo se hará cargo del desafío de la equidad. 

Este es el punto principal, que debe aglutinar, promover y dinamizar la oposición a la administración piñerista. Los hombres de derecha que controlan el gobierno confían en sus negocios, viven y actúan en función de ellos y, en consecuencia no se dispondrán, ni con coherencia ni menos con tenacidad, para llevar adelante un proyecto nacional contra la desigualdad que retarda y entorpece el avance de nuestro país. 

La severa ineficiencia en la reconstrucción, la actitud en el proyecto de ley sobre la obesidad y rotulado de los alimentos y el caso Kodama, indican hasta que punto pesan en la preocupación de los actuales gobernantes, los negocios de los privados y no la fuerza, coherencia y eficacia de las políticas públicas. 

Apenas llegado Piñera a La Moneda una suerte de desolación abarcó el cuerpo político del socialismo. En lo fundamental era natural y comprensible. Muchos de los que habían sido obsecuentes funcionarios de la dictadura, regresaban, después de una fuerte cosmética transformista al control del poder o, al menos, a la dirección de aspectos relevantes del aparato del poder político e institucional. Algunos apostando a la ausencia de memoria histórica, incluso habían cometido abusos o violaciones a los Derechos Humanos. Así se ha demostrado en múltiples denuncias, algunas de ellas han obligado a renunciar a ciertos funcionarios y otras simplemente no han sido escuchadas. 

4.- Estoy convencido que una posición autoflagelante, ante el desafío que enfrentamos, no conduce a nada. En la Presidencia de Bachelet se dio un fenómeno de insatisfacción que provocó el alejamiento de figuras de la DC, su ex presidente y tres diputados; del PPD, un ex presidente, un senador y dos diputados; del PS, dos senadores y un diputado; vale la pena preguntarse: ¿a quién sirvió todo aquello?, en mi opinión, al triunfo de Piñera, como de hecho lo afirmara enfáticamente el hoy ministro Andrés Allamand, padre de la teoría del desalojo; ¿qué quedó de todo aquello?, una huella de frustración y desconsuelo que ha sido muy difícil dejar atrás. De manera que no nos equivoquemos, “el camino propio” ha sido enteramente estéril e infecundo. En medio del desbarajuste que se generó, fue el PS, nuestro partido, vilipendiado por muchos, el que fue capaz de sostener el gobierno de Bachelet, asegurando la unidad de la Concertación. 

Para superar la derrota, requerimos el más amplio reagrupamiento de lo que el líder DC, Radomiro Tomic, denominara -concepto que Clodomiro Almeyda gustaba recordar- “la unidad social y política del pueblo”, aquella que nos da mayoría y capacidad de gobernar. 

Insisto, este es el punto esencial para ser oposición, la representación y defensa del interés nacional y no el reclamo de prebendas o cuotas de poder. Asimismo, la búsqueda del exclusivo lucimiento personal o de grupos, como amenaza nuevamente la idea de competir en dos listas separadas en las elecciones municipales, nos puede llevar nuevamente a la derrota. 

5.- Vuelvo a reiterar acá, como lo dije hace un año, que no fue propósito fundacional del socialismo chileno gobernar sin interrupción y de manera indefinida. No es nuestro propósito la perpetuación en el poder. 

El Partido Socialista entiende la democracia sin recortes y, por lo tanto, asume la alternancia en el poder, como parte necesaria de la lucha política en democracia. Más aún después de la experiencia, tantas veces aludida y citada, del llamado socialismo real en la Europa del Este. No se puede estar siempre con el control del Estado en las manos de un solo Partido, bloque de Partidos, coalición o alianza política. 

Espero que nuestro Congreso General sea firme y se termine la “doble militancia”, de quienes son socialistas y al mismo tiempo mantienen roles políticos en el gobierno de la derecha o que en los Consejos Regionales se entienden con la derecha, en contra del interés del Partido y de nuestros aliados de la Concertación. 

De acuerdo con nuestras convicciones, el objetivo es la conformación de una mayoría nacional necesaria para gobernar, entonces debemos trabajar para derrotar democráticamente a la derecha a fines del 2013, y ejercer luego un gobierno de coalición, con amplio respaldo ciudadano. Tal es la manera legítima de tener responsabilidades políticas en la Administración del Estado. En esta materia no puede haber confusiones. La lucha para derrotar la derecha el 2013 significa un comportamiento ético a toda prueba, de lo contrario se impondrá la cooptación de la derecha en muchos oportunistas; se trata de elevar los alicaídos estándares éticos en la política de modo de no dar espacio a las malas prácticas. 

6.- Mucho se habla y se teoriza acerca del descrédito de la política y de la creciente distancia que provocan sus malas prácticas, caprichos y veleidades. No es difícil encontrar en tanto discurso “anti político” el sustrato del más reaccionario apoliticismo sembrado por la dictadura. Pero, no nos podemos quedar en ello, hay una generosa colaboración desde nosotros mismos a la desconfianza y el estupor con que las personas observan y valoran la acción política distanciándose de la misma; así ocurre cuando se reniega con un parlante amplificado mediáticamente de las tareas de gobierno que todos llevamos adelante. En el último período de gobierno concertacionista, resultó enteramente incomprensible que ministros, subsecretarios, embajadores, dirigentes partidarios, o parlamentarios, dejaban de lado su pertenencia y se lanzaban con una critica descalificatoria y encolerizada contra lo que ellos mismo hacían y predicaban poco tiempo antes, pasando de la noche a la mañana al discurso contrario, a considerar en el hecho su propia acción “acomodo” al sistema neoliberal. No se puede tener esa doble conducta y esperar luego que los ciudadanos no desconfíen de la política. El caso más incongruente es el de un grupo que llamaba “a corregir el modelo” y terminó siendo parte del gobierno libremercadista de la máxima expresión neoliberal en Chile: hacer fortuna fácil y luego ir a la toma del poder político, para concentrar como nunca la riqueza y la toma de decisiones en el país. 

Como predomina, incluso en la política, la ideología del éxito rápido y sin reparar en costos, hay quienes piensan que el Partido Socialista debiese desentenderse de lo que fue, de su condición de fuerza gobernante, en la Concertación, durante veinte años. Craso error. Semejante conducta incoherente, resultaría ser enteramente inexplicable. La formulación de la alternativa programática para el 2013, debe ser fruto de un esfuerzo, en primer lugar, coherente y luego unitario y perseverante, de recoger desde el conjunto de las fuerzas sociales del país, las claves que pongan en marcha un Proyecto Nacional consistente y con respaldo mayoritario con vistas al 2020. 

Levantamos en los gobiernos de la Concertación un sistema de protección social que establece derechos sociales y que es la base del Estado Social y Democrático de Derecho por el cual luchamos; estando en la oposición la tarea cambia de naturaleza, ahora hay que defender a la gente de los abusos de los grandes especuladores de la banca y el comercio, a los trabajadores de la violación de los derechos laborales; al mundo poblacional de los excesos de la política represiva, de “mano dura” de los sheriffs de terno y corbata que no hayan como justificar allanamientos y operativos policíacos; a los funcionarios públicos de los despidos injustificados y del revanchismo generado por el sectarismo de la derecha; a los estudiantes de los recortes presupuestarios; en fin, la tarea es la defensa de los ciudadanos y ciudadanas ante el debilitamiento del Estado y el recurso permanente del gobernante al vértigo de anuncios cuya “letra chica” camina en dirección contraria a lo que públicamente se promete. 

7.- Desde tal esfuerzo, el Partido Socialista y la Concertación en su conjunto, deben formular una alternativa programática, pensando en unir una amplia mayoría nacional y, que en consecuencia, debe afirmar los avances conquistados y corregir los errores de que se cometieron en nuestra acción gubernativa. 

Hacía el Chile del 2020 se proyectan desafíos tan decisivos como: 

- Reformar la estructura tributaria de manera de alcanzar una distribución mas justa del ingreso nacional para enfrentar el tema agobiante de la desigualdad social. En Chile es perfectamente posible y es necesario que el impuesto a la renta de capital aumente y disminuya aquel que grava directamente a las personas. 

- Renovar la democracia y avanzar hacia una nueva Constitución Política del Estado; reemplazando el sistema binominal por un sistema electoral de representación proporcional e insertando la iniciativa popular de la ley, limitar los periodos de los mandatarios de elección popular a una sola reelección, restablecer la duración del mandato presidencial en seis años, así como, instalar la herramienta del Plebiscito para dirimir los grandes temas del futuro del país. 

- Fortalecer el sistema de regulaciones del país, para frenar los especuladores que imponen precios leoninos y exprimen a los consumidores. Los abusos con las tasas de interés y las colusiones monopólicas deben sancionarse eficazmente. 

- Enfrentar el desafío energético para sostener un crecimiento sustentable; desafío que excluye explícitamente el recurso de la energía nuclear, luego de la dramática experiencia en Japón. 

- Integrar la preservación del medioambiente como aspecto medular de la estrategia de desarrollo del país. La globalización hace cada día más imperioso hacer del cuidado de la naturaleza un instrumento de crecimiento sano a largo plazo. 

- Mantener la lucha por los derechos de la mujer y de los pueblos indígenas como políticas públicas centrales de la acción del Estado. Refinanciar el Fondo de tierras que la administración de la derecha ha inutilizado. 

- El fortalecimiento del movimiento sindical se ha trasformado en condición necesaria de un Chile más justo, ya que en la balanza de fuerzas, su rol de contrapeso al poder empresarial, resulta ser cada día más indispensable, con vistas a un nuevo trato laboral que distribuya de manera más justa los frutos del trabajo social. 

- Reestructurar el sistema educacional, con el propósito de fortalecer la educación pública como la base principal de un sistema nacional de enseñanza, mixto, pluralista y libertario. 

- Establecer, con fondos públicos, el acceso universal a internet y el uso de las nuevas tecnologías. 

- Reforzar el sistema público de salud, erosionado por las políticas libremercadistas que segregan y discriminan a un amplio sector de la población; estableciendo un Fondo Solidario que permita que los que tienen más ingresos contribuyan solidariamente a los que tiene menos ingresos. 

- Renovar y fortalecer la acción política con una ética fortalecida y de irrenunciable compromiso en el interés nacional y popular. El clientelismo, aquella pésima práctica de manipular las necesidades de los más humildes para ganancias oportunistas de corto plazo debe ser superado para retomar y reconstruir los lazos de acción común con el movimiento social y sus diversas organizaciones. 

Hacia el 2020 nos debe animar la meta de un Chile solidario y libertario, de crecimiento equitativo y dotado de una nueva Constitución Política. 

8.- Todo ello no basta si no hay una fuerza y voluntad unitaria suficiente. El perfilamiento de cada cual no puede ser en perjuicio del patrimonio colectivo. El desánimo que empuja a muchos a pensar exclusivamente en el objetivo personal debe ser superado. Las pugnas y los despropósitos deben terminarse. La pérdida del valor de la acción conjunta nos daña muy decisivamente. El despliegue de cada uno no puede llevar a la dispersión; gobernar requiere coherencia y perseverancia, de manera que debe cesar el aplauso fácil a prácticas que no hacen más que llevar agua al molino de la derecha, el divisionismo no tiene nada de simpático y debe ser claramente rechazado. 


En tal perspectiva, la Concertación tiene ante si una doble tarea, reconstruirse, no para mirarse el ombligo, sino que para abrirse a un amplio acuerdo nacional con todas las fuerzas y expresiones que estén por derrotar a la derecha y el libremercadismo, restableciendo el valor de la ciudadanía y del Estado como esenciales para la vida democrática. Una unidad sin exclusiones debiese desembocar en primarias abiertas desde las que debe surgir la candidatura única que lidere este gran proyecto nacional. En suma la unidad no debe acomplejar a nadie, por el contrario, nos fortalecerá y llevará a una nueva victoria el año 2013. 

Estas son y deben ser las tareas del Socialismo chileno en este periodo.







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