sábado, 20 de agosto de 2011

El Triángulo de las desconfianzas


18-Agosto-2011
El escenario político que se abre en Marzo del 2010 con la instalación de Piñera y la Derecha en  el Gobierno abre un nuevo ciclo político en el país; que ha ido manifestando a lo largo de estos primeros 18 meses (lo que llaman el “primer tiempo”) sus propias dinámicas y lógicas de acción. Entre sus principales características se encuentra la emergencia y la consolidación de dos oposiciones; las políticas y las social-ciudadanas.

Las políticas forman parte de las estructuras tradicionales de la institucionalidad democrática (partidos y parlamento) y se expresan en la Concertación y en el fenómeno que se desato durante la gestión Bachelet y que conocemos como “los descolgados” (Mas, Meo, Arratismo). Mientras los primeros buscan retener su hegemonía como oposición desde la institucionalidad (Concertación, Pc y Pri), los otros buscan convertirse en interlocutores válidos y legitimarse como oposición en la dirección de romper el “duopolio” que dominó la política chilena durante los últimos 20 años.

Las oposiciones sociales forman parte de los ciudadanos que mayoritariamente no sólo están desencantados con la política formal (clase política, partidos, gobiernos y parlamentarios), sino también buscan expresión de sus demandas al margen de los canales tradicionales de la política democrática. Se trata, por tanto, de oposiciones informales o no institucionales.

La presencia de esta oposición es, sin duda, un rasgo nuevo de la política chilena post dictadura; y que, a manifestado su fuerza y capacidad movilizadora desde principios del presente año cuando emerge la coyuntura del “Gas en Magallanes” y vemos como una ciudad se levanta contra el alza de precios de un bien relevante para los ciudadanos de esa zona del país. Desde ese momento Chile comienza a cambiar y el escenario político-social entra en la “espiral de la desconfianza”.

Las tensiones no sólo surgen al interior del gobierno (a partir del caso Van Rysselberghe y la fuerte tendencia a la baja en la aprobación presidencial), sino también entre el gobierno y la oposición formal (hegemonizada hasta el momento por la Concertación) que comienzan a enfrentarse fuertemente en el terreno legislativo. Y mientras tanto, los ciudadanos con una actitud de movilización activa lentamente comienzan a crecer y a madurar. Su mayoría de edad la cumplen el 4 de Agosto cuando nuevamente en el país aparecen los “cacerolazos”.

Desde ese día ese, se consolida el “triángulo de las desconfianzas” entre gobierno, oposiciones formales y las oposiciones social-ciudadanas. Nadie se cree, nadie se escucha. El malestar latente se hace manifiesto.

¿Por qué surgen las oposiciones sociales? Hay varias razones que explican el hecho. Voy a poner atención en tres. A mi entender, la principal se encuentra en que la institucionalidad chilena (oposiciones institucionales y gobierno) no tiene la capacidad de incorporar y procesar las demandas ciudadanas. Sus lógicas tradicionales de acción y negociación política sumados a sus intereses económicos y de poder entran en tensión con el querer y el necesitar de millones de chilenos.

Mientras los partidos cada día cumplen menos con su rol histórico de mediadores y articuladores de intereses clasistas o sociales, el Gobierno está atrapado en su lógica gerencial y mercantil. Y si a ello, agregamos el desprestigio de la actividad política, nos encontramos con un hecho complejo que se expresa en que la fuerza ciudadana y sus caminos de movilización no encuentran interlocutores ni cauces en los que sus demandas se conviertan en políticas públicas concretas y reales (Educación y protección del Medio Ambiente). Por tanto, no queda otro camino que la calle y la movilización activa. Si el Estado no escucha ni procesa; hay que buscar caminos para abrir sus puertas. Históricamente, ya sabemos cuál es ese camino.

Otro elemento que explica esta explosión social-ciudadana es la fortaleza de la democracia chilena. Es paradojal. En efecto, la democracia es débil por un lado, pero es fuerte por otro. Mientras por un lado, esta oposición surge por la presencia de una “democracia limitada” que cierra las puertas a las demandas ciudadanas, por otro, genera el piso y el espacio para hacer escuchar sus voces, planteamientos y demandas. No hay miedo a la involución autoritaria.

Sin embargo, no deja de ser interesante observar como la derecha en su conjunto ha sembrado levemente ese miedo. De ese modo, hemos escuchado en esta semana (entre el 15 y el 19 de Agosto) decir a) al Alcalde de Santiago que se podrían sacar los militares a la calle el 11 de Septiembre, b) al Presidente que no nos olvidemos de como se “destruyo la democracia” y c) a la Udi plantear que todo este escenario destruye las instituciones. ¿Qué curioso?

En tercer lugar, el malestar tiene directa relación con el fracaso del neo liberalismo chileno y su hegemonía “comercial-financiera”. La mercantilización de todos los aspectos de la vida (salud, educación, medio ambiente, alimentación) ha hecho crisis. Durante los gobierno de la Concertación se “protegió el modelo” para cuidar la democracia. Hoy esa democracia que se ha consolidado y es más fuerte de lo que se quiere hacer aparecer, está poniendo en jaque al modelo. Ha llegado la hora de construir un modelo de desarrollo a “escala humana” que termine con los abusos del capital y sus utilidades vomitivas. Y como la clase política está atrapada entre sus intereses económicos y la institucionalidad, los ciudadanos han comenzado a salir a la calle.

Este movimiento social-ciudadano no sólo es amplio, sino también de gran potencial. La Educación y la demanda para terminar con el lucro es sólo una arista.  La amplitud del movimiento se ha manifestado en a) los ambientalistas que se manifestaron en Punta Choros, contra HidroAysén e Isla Riesco, b) las asambleas locales como en Magallanes por el tema del Gas, en Calama por aumentar sus recursos, en Dichato por el retraso en la reconstrucción, en Rancagua por el alza de la bencina, en Melipilla-Alhúe por la instalación de una Cárcel, c) la movilización por la igualdad de género, d) los ciclistas desnudos que reclaman por sus derechos, e) los colectiveros, f) la gente que paraliza el transito en protesta contra el mal servicio del transporte público, g) los trabajadores que paralizan actividades en el sector minero, portuarios, fiscales, bancarios, retail y h) los consumidores ante el abuso del capital (caso La Polar). Hoy son los estudiantes y mañana la salud por las concesiones hospitalarias. Y no nos olvidemos del conflicto Mapuche.

Y mientras todo esto sucede, la clase política en general y el gobierno en particular preguntan: ¿cómo terminar con el “triángulo de las desconfianzas”?

Gobierno y oposiciones formales hacen apuestas; mientras el primero realizó un cambio de Gabinete, los segundos guardan silencio, solidarizan y dejan que el movimiento social siga su curso a la espera de capitalizar en votos esta coyuntura. Y la clase política, en general, piensa no sólo en reformas políticas que encaucen la expresión ciudadana, sino también en una reforma tributaria que aumente la inclusión y disminuya las brutales desigualdades del modelo chileno.

Se vienen fechas complejas; el paro nacional para el 24 y 25 de Agosto, el 04 de Septiembre el entierro definitivo de Allende y el 11 un aniversario más del golpe cívico-militar del ’73. La movilización ciudadana seguirá en pie. Hasta cuándo, ¿no sé?

Lo que si pasara, es que todo esto va generar a) reformas políticas, b) reforma tributaria y c) una derecha quebrada, cansada, frustrada y fuera de La Moneda.