jueves, 17 de noviembre de 2011

Binominal, Independientes e Inscripción automática

Noviembre-2011

El binominal es una caja blindada que no deja entrar a nadie que no tenga parentesco con sus dueños. En efecto, romper la lógica binominal es prácticamente imposible. De hecho, la inscripción automática y el potencial ingreso de más de cuatro millones de nuevos electores no producira ningún efecto político relevante desde el punto de vista de la representación. Los nuevos electores seguirán en una dinámica que distorsiona la voluntad popular. La lógica del “mayoritario binominal” seguirá intacta. Y, también sus efectos.

El binominal ha sido doblegado 15 veces. A nivel de los diputados en 14 ocasiones y a nivel del Senado una vez. Son cifras que representan el 1.9% de los 720 cargos en disputa en 6 elecciones y el 0.8% a nivel de los senadores de un total de 132 escaños en disputa.

De hecho, los que han logrado romper la “camisa de fuerza” binominal han estado vinculados de una otra manera a los partidos del “duopolio” Concertación-Alianza.  Junto a esa situación se han dado, otras dos situaciones; a) que se trata de liderazgos de rasgos cacicales que manejan votos y clientela política y b) las listas duopolicas que se conforman es esos distritos o circunscripciones en la mayoría de los casos son débiles.

Pero, ¿qué pasa con los Independientes? Las posibilidades de competir como independiente son dos; formando parte de un pacto o compitiendo sin pacto (independiente fuera de pacto). Sin duda, las posibilidades aumentan cuando se forma de algún pacto del duopolio. Veamos, el caso de los independientes en los Diputados.

Las cifras muestran que en 20 años de democracia a nivel de los Diputados se ha presentado un total de 2.441 postulantes. De ese total, 471 han sido independientes (19.3%). Esas cifras se descomponen en 404 postulantes en pacto (16.6%) y 67 a IFP (2.7%).

De esos 471 postulantes, han sido electos diputados 53 independientes; 47 en pacto y seis fuera de pacto. Esas cifras muestran que del total de postulantes a Diputados (2.441)  sólo el 2,1% ha sido electo; de ellos, el 1,9% han sido independientes en pactos (47) y el 0,2% han sido IFP (6). En relación al total de los postulantes independientes (471) las cifras muestran que han sido electos el 11.2% (53); de ellos el 9.9% (47) corresponde a IP y 1.3% (6) a IFP.

Si el análisis los hacemos por partidos y pactos veremos cómo es el “pacto duopolico” el que más usa el mecanismo de los independientes.

En las parlamentarias de 1989 se presentan 158 candidaturas independientes; 139 IP y 19 IFP. De los 139 postulantes en pacto, el “duopolio binominal” presenta 48 candidaturas (34.5%); 23 la derecha y 25 la Concertación. De ese total, son electos 17 Diputados. Ocho la derecha y nueve la Concertación. Y sale electo un IFP (Sabag) que está fuertemente ligado a la Dc.

En las parlamentarias del ’93  hay una baja considerable de las candidaturas independientes (lo mismo ocurre en el Senado). Se presentan 68 candidaturas; 64 IP y 4 IFP. De los 64 postulantes en pacto, el “duopolio binominal” presenta 28 candidaturas (43.8%); 24 la derecha y 4 la Concertación. De ese total, son electos cinco Diputados. Cuatro la derecha y uno la Concertación. No es electo ningún IFP.

En las parlamentarias de 1997 la baja de los independientes en el proceso electoral sigue aumentando. En esta ocasión se presentaron 48 candidaturas independientes; 46 IP y 2 IFP. El “pacto duopolico” presenta 21 postulantes (45.6%); 19 la derecha (91%) y dos la Concertación. Se eligen seis IP y todos de la derecha. En esta elección salen electos dos IFP; que, son las figuras que en rigor son las que logran romper la lógica binominal.

En las parlamentarias del 2001 sigue la baja de la “esperanza independiente” y la ilusión de que tenemos una democracia “abierta y participativa”. En esta elección se presentaron 43 candidaturas independientes; 27 IP y 16 IFP. El “pacto duopolico” presenta el 100% de los IP (27); 20 la derecha (74.1%) y siete la Concertación. De ese total, se eligen 11 IP; ocho la derecha y tres la Concertación. De las 16 candidaturas fuera de pacto, se elige sólo uno (2.3%).

En las parlamentarias del 2005 hay una ruptura con lo que se venía observando con las candidaturas independientes al observarse un total de 59 postulantes. 51 IP y 8 fuera de pacto. En esta elección no sale electo ningún IFP. De los 51 postulantes en pacto, 11 pertenecen a la derecha y siete a la Concertación. Finalmente, los electos son cuatro; dos para cada pacto del “duopolio”.

En las parlamentarias del 2009 sigue el aumento de los independientes llegando a 95 postulaciones; 77 IP y 18 IFP. De los independientes en pacto el contubernio duopolico presenta 16 candidatos (21%); nueve la derecha y siete la Concertación. Logran elegir cuatro diputados; tres la derecha y uno la Concertación. De los 18 IFP, salen electos dos.

Las cifras son evidentes. De los 404 candidatos IP observamos que a) el 39.1% corresponde a postulantes del “consenso duopolico” (158), b) el 26.2% corresponde a candidatos de la derecha (106) y el 12.9% a la Concertación (16), c) de los 404 postulantes como IP han sido electos sólo 47 (11.6%), d) de los 47 electos, 31 son de la derecha (66%) y 16 de la Concertación (34%), e) De los 67 IFP, sólo ha sido elegido seis (9%).

Si el análisis lo hacemos nivel del parlamento en su conjunto tenemos que en 20 años se han presentado 2.837 postulantes. De ellos, 494 (17.4%) en pacto y 76 (2.7%) fuera de pacto. Un total de 570 candidatos, que equivale al 20.1% de los postulantes. Sin embargo, ha sido electos sólo 72; es decir, el 2.5% del total de los postulantes (2.837) y el 12.6% del total de los postulantes independientes (570).

De los 570 candidatos independientes, el 86.7% (494) forman parte de algún pacto (en la mayoría del “duopolio binominal”). Los IFP representan el 13.3% de las postulaciones (76).

De los 72 independientes electos, el 90.3% (65) corresponden a figuras en pacto y el 9.7% a IFP (7). Los 65 electos en pacto representan el 2.3% del total de postulantes (2.837), el 13.2% del total de los candidatos independientes en pacto (494) y el 11.4% del total de las candidaturas independientes (570). Por otro lado, los 7 electos fuera de pacto (IFP) representan el 0.3% del total de postulantes (2.837), el  9.2% del total de los IFP y el 1.2% de las candidaturas independientes (570).

Los datos muestran, por tanto, que las candidaturas independientes son inviables política y electoralmente en general. No obstante, tienen algunas probabilidades de éxito cuando forman parte de un cupo cedido por algún partido del “pacto duopolico”. Es, de algún modo, un cupo prestado que debe ser devuelto si el postulante no cumple los requisitos básicos que esa transacción implica. Pero, antes debe existir un “test de blancura” que de cómo resultado que el independiente es merecedor del préstamo. Los bancos, hacen lo mismo con los clientes cuando le aplican los “factores de riesgo”. Sin embargo, lo que ocurre, por tanto, es que el candidato en pacto (y también cuando es un IFP) termina convertido en militante del partido que le “pasa el cupo”. Competir por fuera cada día tiene menos sentido. Es una aventura, con altas probabilidad de derrota.

En esta democracia no compite nada que este fuera de los pactos dominantes. La competencia tiene, por tanto, dos caras; una blanda y una dura. La blanda es la que se da entre los pactos del “duopolio binominal”, es decir, Alianza-derecha v/s Concertación. Y la dura (y brutal) la que se da al interior de cada uno de esos pactos y no sólo en la fase de campaña propiamente tal, sino también en la fase previa, en la que se definen las candidaturas en términos de partido y de postulante.

Las consecuencias ya se conocen. En definitiva, una democracia que al distorsionar la voluntad del Soberano (no sólo porque con el 30% de los votos se puede tener la mitad del parlamento, sino también porque los votos de cada ciudadano no valen lo mismo) des-incentivando la participación y la competencia. En ese escenario, la competencia y la lucha se traslada del parlamento a la calle. Y al mismo tiempo, convierte en la “inscripción automática” en una reforma sin efectos políticos relevantes. Por ello, la única reforma política trascendente para el futuro político de Chile es un cambio del sistema electoral vigente.