martes, 13 de diciembre de 2011

Los Independientes y el binominal. Los Senadores


En este artículo sigo desarrollando y analizando los efectos del binominal en una perspectiva empírica. En esta ocasión, se trata de un resumen de un trabajo mayor que trata sobre los independientes en el Senado.

Es en el Senado donde mejor ha funcionado la “lógica binominal”. De la misma manera, ha sido la trinchera de la derecha –por lo menos, en una primera etapa- desde donde se ha defendido el modelo político y económico que se heredo del pinochetismo.

En términos generales hemos visto que romper el binominal y su tendencia al “empate ficticio” es casi imposible. De hecho, mientras a nivel de los diputados ha ocurrido en 14 ocasiones, en los senadores sólo ha ocurrido en una oportunidad; en el 2005 cuando el independiente fuera de pacto Bianchi fue electo por la zona de Magallanes.

Las cifras son elocuentes en las seis elecciones realizadas desde Diciembre del ’89. Mientras los Diputados que “quiebran la lógica duplica” representan el 1.9% de los 720 cargos en disputa, en los Senadores esa cifra llega al 0.8% (de los de 132 escaños en disputa).

Tanto los postulantes de otros pactos y/o partidos como las candidaturas independientes tienen muy bajas probabilidades de ser electos. Veamos, como ha funcionado la lógica de los independientes en el Senado.

A nivel de los senadores (sin considerar los designados), se han presentado un total de 396 “aspirantes”. De ese total, 90 corresponden a independientes en pacto y 9 a independientes fuera de pacto (IFP); es decir, 99 independientes. En efecto, el 25% del total de postulantes han sido independientes; de ellos, el 22,7% son IP (90) y el 2.3% a IFP (9).

Del total de aspirantes (396) han sido electos Senador 19 postulantes; es decir, el 4.8%. De ellos, 18 como IP (4.5%) y uno como IFP (0.3%). En relación al total de postulantes independientes (99) han sido electos el 19.2% de los candidatos; 18 como IP (18.2%) y uno como IFP (1%).

Vemos, nuevamente, como la figura de los independientes es usada de modo estratégico por cada uno de los pactos del “duopolio dominante” y con resignación por los otros pactos. Las cifras son evidentes. De los 90 candidatos IP en las seis elecciones realizadas observamos que a) el 57% corresponde a postulantes del “consenso duopolico” (51), b) el 45.6% corresponde a candidatos de la derecha (41) y el 11% a la Concertación (10), c) de los noventa postulantes como IP han sido electos sólo 20 (22.2%), d) de los 20 electos, 17 son de la derecha (85%) y tres de la Concertación, e) De los nueve IFP, sólo ha sido elegido uno (1%).

Si el análisis lo hacemos nivel del parlamento en su conjunto tenemos que en 20 años se han presentado 2.837 postulantes. De ellos, 494 (17.4%) en pacto y 76 (2.7%) fuera de pacto. Un total de 570 candidatos, que equivale al 20.1% de los postulantes. Sin embargo, ha sido electos sólo 72; es decir, el 2.5% del total de los postulantes (2.837) y el 12.6% del total de los postulantes independientes (570).

Sin embargo, la brutalidad de la “camisa de fuerza” que genera el binominal se observa cuando se distingue el independiente en pacto (IP) del que va sin pacto (IFP). De hecho, de los 570 candidatos independientes, el 86.7% (494) forman parte de algún pacto (en la mayoría de los casos del “duopolio binominal”). Los IFP representan el 13.3% de las postulaciones (76).

De los 72 independientes electos, el 90.3% (65) corresponden a figuras en pacto y el 9.7% a IFP (7). Los 65 electos en pacto representan el 2.3% del total de postulantes (2.837), el 13.2% del total de los candidatos independientes en pacto (494) y el 11.4% del total de las candidaturas independientes (570).

Por otro lado, los 7 electos fuera de pacto (IFP) representan el 0.3% del total de postulantes (2.837), el  9.2% del total de los IFP y el 1.2% de las candidaturas independientes (570).

Los datos muestran, en genral, que las candidaturas independientes son inviables política y electoralmente. No obstante, tienen algunas probabilidades de éxito cuando forman parte de un cupo cedido por algún partido del “pacto duopolico”. Es, de algún modo, un cupo prestado que debe ser devuelto si el postulante no cumple los requisitos básicos que esa transacción implica. Pero, antes debe existir un “test de blancura” que de cómo resultado que el independiente es merecedor del préstamo. Los bancos, hacen lo mismo con los clientes cuando le aplican los “factores de riesgo”. Sin embargo, lo que ocurre, por tanto, es que el candidato en pacto (y también cuando es un IFP) termina convertido en militante del partido que le “pasa el cupo”. Competir por fuera cada día tiene menos sentido. Es una aventura, con altas probabilidad de derrota. ¿Para qué competir?

En esta democracia no compite nada que este fuera de los pactos. La competencia tiene, por tanto, dos caras; una blanda y una dura. La blanda es la que se da entre los pactos del “duopolio binominal”, es decir, Alianza-derecha v/s Concertación. Y la dura (y brutal) la que se da al interior de cada uno de esos pactos y no sólo en la fase de campaña propiamente tal, sino también en la fase previa, en la que se definen las candidaturas en términos de partido y de postulante.

Las consecuencias ya se conocen. En definitiva, una democracia que al distorsionar la voluntad del Soberano no sólo porque con el 30% de los votos se puede tener la mitad del parlamento (“empate ficticio”), sino también porque los votos de cada ciudadano no valen lo mismo (que rompe el principio de un voto por ciudadano), es des-incentivando la participación y la competencia. En ese escenario, la competencia y la lucha se traslada del parlamento a la calle.

Y me pregunto, ¿con la inscripción automática en que cambia la lógica binominal y la hegemonía duopolica?