jueves, 17 de mayo de 2012

El 21 de Mayo y la Política del vacío

Mayo-2012
Se viene el 21 de mayo y surge la inflación de las expectativas. La tradición muestra que estos discursos –aplaudidos por unos y vilipendiados por otros- son una hoja de ruta que define los rumbos sociales y políticos que va asumir la gestión de un gobierno. Las principales características de cada uno de ellos va depender del momento en que se pronuncie. Mientras en el primero de la gestión se definen los objetivos del nuevo gobierno; en el último, se evalúan esos objetivos y las reformulaciones que hubo que hacer en el camino.

El discurso que va pronunciar Piñera este 21 de Mayo es el tercero de los cuatro que debe realizar. Los antecedentes indican que en esta ocasión se tratara de un discurso que pondrá atención en lo que se ha hecho –en “los logros”- y en lo que se va hacer en estos últimos meses. El enfoque será la agenda social y los albores de la oferta populista que tendrá por objetivo generar las condiciones para la continuidad de la derecha en el gobierno.


Desde el punto de vista político no habrá novedad ni sorpresas. No puede haberla simplemente porque el gobierno no tiene proyecto político ni voluntad de avanzar en reformas políticas de alto impacto.

En efecto, el gobierno no tiene programa político propio y en su lógica la política se subordina a la economía. En esa dirección, la política debe estar al servicio del crecimiento y el desarrollo y generar las condiciones institucionales y sociales para crecer de manera ilimitada. De ese modo, la política no debe interferir ni limitar los negocios. Incluso –sobre todo, en los sectores más puristas- las decisiones deben ser técnicas y sin interferencia de mayorías inestables ni del reclamo de la calle. Hemos asistido en el “primer tiempo del gobierno” al derrumbe de este modelo. El vacío de su política ha terminado siendo su peor enemigo. Los expertos sin política debieron partir.

El programa político del gobierno se explica por dos circunstancias. En primer lugar, se construye sobre la base de ideas ajenas; y en segundo, sobre un diagnostico de lo que el país necesita desde el punto de vista político.

El diagnóstico. Hay tres referencias en las que podemos identificar el diagnóstico que el gobierno hace sobre nuestra democracia y sus instituciones; el Programa de Gobierno y los dos primeros discursos del 21 de Mayo. El elemento común es que “nuestra democracia debe ser perfeccionada y fortalecida”.

En el Programa se lee que “nuestro compromiso es continuar mejorando nuestra democracia, aumentando la participación… y perfeccionando nuestras instituciones… En los últimos años… los partidos políticos y el propio Congreso han sufrido una enorme pérdida de prestigio… Las causas de este fenómeno radican en la carencia de reformas que faciliten la participación, la transparencia y la confianza en nuestras instituciones democráticas… Nuestro compromiso es con una democracia moderna, vital y participativa…  No podemos permitir que la calidad de nuestra vida democrática siga deteriorándose… una democracia joven como la nuestra debe buscar constantemente su fortalecimiento a través de la gestación de nuevos espacios de participación”.

En los dos primeros discursos del 21 de Mayo vemos un diagnóstico similar. Sin embargo, en esta ocasión hay una visión más pesimista al agregar que nuestra democracia “está enferma… -ya que-…está perdiendo fuerza y vigor y sufre los embates de enfermedades que la debilitan”.

En esa perspectiva la debilidad de nuestra democracia se expresa en tres rasgos: a) Una “ciudadanía cada día más distante de la política”, b) Un “envejecimiento progresivo de nuestro padrón electoral”  y c) Una “muy mala evaluación de nuestras instituciones políticas, especialmente el Congreso y los partidos políticos”.

Sobre este diagnóstico, el programa político se orienta al “perfeccionamiento de nuestra democracia… debemos construir una democracia más vital, cercana, transparente y participativa”.

Las respuestas convertidas en proyecto político. Las propuestas que tiene para resolver esta debilidad democrática –que se desprenden del Programas y de los discursos anteriores- se expresa en 8 medidas.

1. La primera medida se orienta a “rejuvenecer nuestra democracia y ampliar la participación ciudadana” por medio de la Inscripción automática y Voto voluntario. Si bien es una propuesta que ingresa al Parlamento hace varios años, fue en este gobierno que se logro su aprobación. Compromiso cumplido.

2. El Voto de los chilenos que residen en el extranjero ha sido una materia que ha generado tensión entre los bloques políticos que han determinado, finalmente, en su estancamiento. También se trata de un proyecto anterior a  este gobierno. A la fecha no hay avance. Se espera que en este discurso haya alguna referencia. Compromiso NO cumplido.

3. Fortalecimiento de “la democracia regional y comunal haciendo más directa y participativa la elección de sus autoridades”. La referencia principal se vincula con la elección directa y popular de los Consejeros Regionales.  El proyecto duerme en el Parlamento. Compromiso NO cumplido.

4. Cambio de fecha de las elecciones presidenciales; se “adelanta la fecha de la primera vuelta para el tercer domingo de noviembre y, la segunda, cuatro domingos después”. Este proyecto también se orienta a mejorar la participación. Compromiso cumplido.

5. Reforma a la Ley de Partidos Políticos orientada a que sean a) “más transparentes, democráticos y abiertos a la ciudadanía y b) establecer primarias voluntarias, vinculantes, simultáneas y organizadas por el Estado, para elegir a los candidatos a cargos de elección popular”. El Proyecto de Primarias esta cerca de convertirse en Ley. Como todavía no es una Ley de la República debemos decir que es un compromiso NO cumplido.

6. Creación de la iniciativa popular de ley”. Dicha medida, “permite que con las firmas del 0,1% de los electores, los ciudadanos puedan presentar proyectos de ley al Congreso Nacional, que no sean de iniciativa exclusiva del Ejecutivo”. Compromiso NO cumplido.

7. “Simplificaremos los plebiscitos comunales para facilitar la participación de los vecinos”. En esta iniciativa tampoco hay avances. Compromiso NO cumplido.

8. Perfeccionaremos los proyectos de ley sobre declaración de intereses y patrimonio de autoridades (proyecto de probidad). Se instituye la figura del “Fideicomiso Ciego, a fin de impulsar la transparencia”.  Ya ha sido aprobado por los Diputados. Todavía no es Ley; por lo que se trata de un compromiso NO cumplido.

A estas medidas concretas debemos agregar en un plano más general la Modernización del Estado y la Descentralización administrativa-financiera. Sin embargo, ambas son más administrativas que políticas. La primera tiene como idea central hacer un Estado más eficiente, transparente y amigable. Las acciones se orientan, principalmente, a trasladar los principios de gestión  empresarial al Estado. La idea general de la descentralización administrativa se relaciona con los recursos que se manejan y distribuyen a ese nivel.

Avances del programa político. En términos de modernización y descentralización no hay avances sustantivos. En relación a las ocho medidas podemos constatar que solo dos de ellas se han cumplido –lo que equivale al 25%-. El resto se encuentra en trámite legislativo sin las urgencias necesarias para avanzar con rapidez.

Se observa, por tanto, que el programa político del gobierno es ajeno y de bajo impacto; ajeno porque en su mayoría son propuestas planteadas por la Concertación. Y de bajo impacto porque no avanzan en la profundización democrática del país ni resuelven la crisis de “legitimidad ni de representación”.

De hecho, el énfasis ha sido puesto en la participación. Sin embargo, se ha optado por la cantidad y no en la calidad. La cantidad se vincula con la Inscripción automática y voto voluntario, el cambio de la fecha de la elección presidencial, el voto de los chilenos en el exterior y las primarias. Con la calidad de la participación podemos ubicar a la iniciativa popular de ley, los plebiscitos comunales y la elección de los Cores. En definitiva, el gobierno ha tratado de “revitalizar” la democracia chilena por medio de la participación centrada en la cantidad.

¿Cómo se va resolver la crisis de legitimidad y representación? Para ello, hay que avanzar en reformas políticas duras de alto impacto. En esa dirección encontramos –a lo menos- la Reforma Constitucional que garantice mínimos de bienestar, que termine con el rol subsidiario del Estado y recupere riquezas básicas; la reforma al binominal que termine con el empate ficticio; la elección de los Intendentes y descentralización financiera para avanzar hacia una real descentralización política; el limite a la reelección de los parlamentarios que ponga fin a las oligarquías políticas, limitar el presidencialismo para entregar poder al parlamento y mecanismos para fortalecer la sociedad civil.

Todas reformas, sin duda, que serán parte del debate de la próxima campaña presidencial. Por ahora, el gobierno ya agoto su oferta política. Nada más queda por hacer. Nada más debemos esperar.