domingo, 2 de junio de 2013

Los dilemas y las debilidades del gremialismo

Junio-2013
En el gremialismo las aguas no están quietas. Desde la coyuntura en que bajan a Golborne de la carrera presidencial e irrumpe el mesianismo de Longueira no sólo las tensiones internas aumentaron, sino también las dudas y la incertidumbre se instalaron en el partido de la calle Suecia. ¿Qué está pasando en la UDI?

La irrupción de Longueira obedece a un doble diagnóstico: uno externo y uno interno.

El externo tiene que ver con la realidad socio-política del país y el escenario en el que se desenvuelve la competencia por La Moneda. Ya está instalada la idea de que la coyuntura presidencial se estructura en torno a la modelo de desarrollo chileno. De hecho, esta dimensión: más modelo, menos modelo, otro modelo, va dominar la política chilena, a lo menos, los próximos ocho o doce años.

Para la UDI, esta coyuntura no sólo pone en riesgo el modelo que defiende y alaba, sino también pone en riesgo la gran oportunidad de alcanzar el desarrollo; por lo que han luchado más de 30 años.

Longueira en su discurso de aceptación de su postulación presidencial afirmaba que “con nuestras ideas hemos hecho un Chile mejor… hoy tenemos una oportunidad histórica de alcanzar el desarrollo… -por ello-… les digo a los chilenos que sigamos esta obra… necesitamos romper la indiferencia, la comodidad… -de lo contrario-…vendrán días lamentables para el país”. La Concertación “nos quiere arrasar… quieren cambiarlo todo” a dicho Moreira.

Un punto de inflexión en esta correlación de fuerzas es la destitución de Beyer.  Para Longueira, “con este hecho se pone en riesgo los 30 años de desarrollo”. Sin duda, una preocupación evidente que se sustenta en la debilidad política y electoral del oficialismo. “Han declarado la guerra” afirmo Carlos Larraín ese día.

A su vez, el diagnóstico interno mostraba que el gremialismo se estaba debilitando en su mística y en su capacidad de convocar. La “perfomance” presidencial de Golborne no sólo estaba debilitando al partido en términos electorales, sino también generando condiciones para que las tensiones internas del gremialismo comenzaran a emerger. Este escenario se potencia con el misil que Allamand le manda a Golborne.. Había que actuar. “Por una situación inusual… había que asumir” ha dicho Longueira.

Y de este modo, en un par de horas nos encontramos con el hecho de que la UDI cambia sus objetivos políticos. “Hay que recuperar el tiempo perdido” ha mencionado Longueira de modo implícito. Longueira venía a fortalecer las opciones presidenciales del oficialismo y a refundar y potenciar al gremialismo.

En relación al primer objetivo, Longueira ha mandado el mensaje de que hay que “salir a decirle a los chilenos que nos den la oportunidad de seguir creciendo en libertad, vamos a recorrer Chile defendiendo nuestras ideas… hay que decir lo que hemos hecho… necesitamos buscar el voto reflexivo… llegó la hora de seguir profundizando esta gran obra… dejemos todo en la calle para que Chile siga en este camino”. Revertir el déficit de comunicación es el objetivo.

En relación al segundo objetivo, ha dicho que “seamos leales a nuestra historia… a nuestra raíces… trabajemos con unidad…trabajemos como lo hicimos siempre… hay que salir del pesimismo”. Un mensaje, sin duda, que va dirigido a la interna del partido con la clara idea de recuperar no sólo la mística y la unidad, sino también la vocación popular de la UDI y su influencia política. El gremialismo entendió que Pablo es el único que puede encabezar este proceso. En esa coyuntura, Moreira afirma que “le fuimos a pedir a Pablo que asumiera el liderazgo… en una situación de crisis, de división”.  Tenemos que dejar de ser una “derecha destructiva, chaquetera y pesimista”; y ser, “una derecha moderna y eso es lo que pretendemos hacer en la UDI con el liderazgo de Pablo”.

El gremialismo entro en un proceso complejo de “reformulación de identidad y de objetivos” desde el momento en que se convierte en gobierno en Marzo del 2010. Pasar de la oposición al ejecutivo ha ido generado en la UDI un proceso de debilitamiento que se vio reforzado con la aventura presidencial de Golborne. La UDI se está adaptando la nuevo ciclo político.

Esta situación, es la que explica a irrupción de Longueira y los sucesos que se desencadenan a partir de esa coyuntura: los errores cometidos se evidencian y las dudas se multiplican.

Se hace evidente que nombrar a Golborne no sólo fue una decisión apresurada y ansiosa, sino también un error político. Pareciera, que se difunde la tesis en la UDI de que definir las candidaturas presidenciales y parlamentarias por medio de primarias también ha sido un error; del mismo modo, queda en evidencia que salir del Gabinete y comenzar la competencia presidencial a principios de noviembre fue otro error. Lo mismo puede decirse de haberse debilitado en términos parlamentarios e ir al gobierno –Chadwick, Longueira, Matthei- y/o dejar el escaño de la metropolitana poniente –Novoa-. Incluso, todavía está por conocerse los efectos negativos que va generar la forma de bajar a Golborne y la crisis que se ha generado por el caso Moreira.

Al mismo tiempo las dudas se multiplican. En el corto plazo está la duda en torno a ¿quién es más competitivo en la primaria, Golborne o Longueira?, ¿quién es más competitivo para la primera vuelta, Golborne o Longueira?, ¿quién es más competitivo en la segunda vuelta, Golborne o Longueira?; ¿qué efectos tendrá la “operación Longueira” y la “operación Moreira”?, ¿cómo se va hacer la defensa del modelo?, ¿desde qué instancia se va defender el modelo?, ¿qué rendimiento electoral va tener el partido y qué efectos tendrá en el peso legislativo del gremialismo?, ¿qué va pasar con el apoyo a Allamand si pierden la primaria?, ¿qué efectos tendrá perder otra presidencial?, ¿desde dónde hará política Novoa, Longueira, Chadwick, Matthei, Lavín en el próximo gobierno?, ¿cómo se va resolver el control del partido?,  ¿podrá seguir ganando en los distritos populares?

El escenario, sin duda alguna, es muy complejo para el gremialismo. No obstante, se constata que esto ocurre en un momento en que la UDI es un partido maduro y altamente institucionalizado. Un partido grande con fuerza territorial y operativa. Un partido con disciplina y espíritu de cuerpo. Un partido pragmático. Una de las consecuencias de este nivel de desarrollo partidario es que en su interior hay grupos internos que están en vía a convertirse en tendencias.

La primera pista ocurre cuando desde que bajan a Golborne se comienza a hablar de unidad. Luego, vinieron las palabras de Moreira en relación a que el partido estuvo a punto de quebrarse. Dice, que aceptar la decisión del partido “era la única manera de salvar a la UDI de un quiebre total… teníamos un partido que estaba en una situación de división… tome la decisión para no entorpecer la paz”. A fin de Mayo, Recondo a propósito de la crisis senatorial de la zona afirmaba que “han resuelto una pugna interna con esta decisión”.

Hay cinco clivajes que muestran las fisuras internas del gremialismo.

1. Fractura clasista; lo elitista v/s lo popular. Esta es la principal fractura interna. En efecto, hay un grupo elitista vinculado a la fronda, a la excelencia académica y profesional que es distante de la vocación popular. Quizás, Moreira no era el perfil. Von Baer y Kast s lo son. En esta dimensión, Moreira ha dicho que “la UDI siendo un partido popular… no puede caer en ciertos excesos como cuando llega una juventud demasiado ambiciosa que le ha sido fácil… el problema de algunos personeros… es que creen que los candidatos parlamentarios tienen que ser los mejores alumnos en la universidad… se equivocan, la UDI es un partido popular”.

2. Fractura Política. También es una tensión relevante al interior del gremialismo. Se ha mencionado que “desde hace tiempo hay visiones diversas con respecto al futuro de la UDI… Algunos queremos una UDI más tolerante… que sintonice más con esta sociedad… tenemos que entender que el mundo ha cambiado… hay visiones y perspectivas distintas de lo que uno quiere para el partido”.

3. Fractura ideológica. Se produce una tensión entre quienes tienen posturas más liberales y los que se resisten a cambios en la agenda valórica de la sociedad. Hay un grupo que busca que la UDI sea un partido más tolerante con la diversidad. Las visiones de partido están cruzadas por visiones ideológicas sobre el mundo actual. Hay una fuerte tensión entre conservadores y liberales. “Tenemos que aprender a vivir con la diversidad” ha afirmado Moreira. Incluso, la ortodoxia económica es fuertemente cuestionada.

4. Fractura generacional. Se produce una tensión entre quienes pretenden avanzar al interior del partido de manera rápida sin respetar la trayectoria. No obstante, a nivel de la élite hay una fuerte presión generacional en el revelo político para los cargos públicos y políticos del país. En la UDI “la meritocracia y el esfuerzo” hay que respetarlo.

5. Tensión pragmático-doctrinario. Es aceptada de modo importante la idea de que la UDI es el partido más pragmático del sistema de partidos. Sus decisiones políticas se han tomado en el último tiempo bajo el criterio del cálculo político debilitando sus valoraciones doctrinarias. La discusión en torno a la reforma tributaria es un paradigma en esta tensión.

Estas cinco dimensiones que se yuxtaponen y que configuran las tensiones internas del gremialismo son el contexto partidario en el que la UDI debe enfrentar un complejo escenario político. La UDI es la bancada parlamentaria que más riesgos corre al defender importantes reductos electorales. La UDI está en el evidente peligro de perder importantes cuotas de poder al interior de la Alianza y del sistema político en su conjunto. A nivel parlamentario ya perdió en calidad, ahora deberá evitar hacerlo en cantidad.

Para el gremialismo se vienen días, semanas y meses muy complejos. En poco menos de un mes tendrá su primera prueba. La prueba final será en noviembre cuando sepamos cómo fue el rendimiento parlamentario del partido. Desde entones se abrirá otro camino; tan complejo, como el actual.