jueves, 26 de septiembre de 2013

La derecha y el nuevo ciclo político: desafío urgente

Septiembre-2013
La derecha chilena está en crisis; ¿cabe alguna duda? Desde que Piñera llega a La Moneda empiezan los problemas políticos para el oficialismo. Desde ese momento se activa un proceso de descomposición y crisis que se ha ido agudizando y que amenaza con terminar en pocos meses más en una contundente derrota electoral: ¿qué explica esta dinámica y cómo en tan poco tiempo el oficialismo paso de la ilusión al pesimismo y del triunfo a la derrota?

Este hecho se explica por razones estructurales y coyunturales. Mientras las primeras tienen que ver con las tensiones históricas del oficialismo y que se relacionan con la lucha por la conducción y liderazgo del sector; las segundas, se asocian a los problemas políticos que se han manifestado en este gobierno.

La derecha se preparó y soñó con ser gobierno por veinte años. En ese tiempo no sólo logró legitimar sus planteamientos básicos y defender el modelo neoliberal instaurado bajo la dictadura, sino también logró un exitoso posicionamiento electoral que generó las condiciones para llegar a La Moneda en marzo del 2010. La derecha, como oposición fue exitosa.

Pero, una vez cumplido el sueño de gobernar en democracia, las cosas empiezan a cambiar al entrar a una fase de descomposición y crisis política.

Los problemas internos empiezan desde el primer momento cuando Piñera arma un gabinete técnico y sin experiencia política. Esta decisión –fuertemente criticada desde los partidos— se une a dos hechos que van jugar un rol fundamental en el devenir del gobierno: los conflictos de interés y la soberbia –expresada en el “que somos los mejores”-. La “luna de miel” se acaba rápidamente y antes de terminar el año los niveles de aprobación de Piñera comienzan a declinar.

Junto a esos problemas fundacionales de la gestión aparecen dos más que han sido decisivos y que va contribuir a debilitar la “nueva forma de gobernar” a mediano y largo plazo: su incapacidad para identificar y resolver conflictos y no haber estado a la altura de las expectativas.

La debilidad política –que confunden con un problema de comunicación— empieza a erosionar no sólo su legitimidad y a tensionar las relaciones con los partidos, sino también a perder el control de la agenda.  En consecuencia, la instalación de Allamand, Matthei, Chadwick y Longueira en el gabinete tuvo como objetivo fortalecer la gestión política del ejecutivo.

Bueno y malo. Bueno, porque volvió la política al gobierno; y malo, porque llevó la disputa presidencial del oficialismo al interior del gabinete.

Fue, por tanto, la coyuntura presidencial lo que terminó por consolidar y profundizar la crisis política del oficialismo. De este modo, el “déficit de política” del gobierno se manifestó rápidamente en la derrota electoral de las municipales de octubre pasado y en la “debilidad estructural” de sus opciones presidenciales.

La coyuntura presidencial es tributaria, por tanto, de los problemas políticos de la gestión Piñera y de las tensiones históricas de la derecha política que tienen que ver la conducción y el liderazgo político e ideológico del sector.

La complejidad de esta debilidad y crisis, es que se manifiesta en el marco de un nuevo ciclo social y político en el país. Si bien, este nuevo escenario se consolidó con Piñera, es en el gobierno de Bachelet que muestra sus primeros signos. Lo que ocurre, es que con la derecha en el gobierno el “nuevo ciclo político” se hace visible y se consolida.

La derecha, por años, se preparó desde la oposición para ser gobierno. Pero, no se preparó para gobernar en un Chile distinto al de los últimos veinte años. Aquí, está la dificultad. La derecha ha debido gobernar en una coyuntura política pantanosa y oscura que se fue lentamente transparentando y visibilizando. A medida que se iba consolidando la nueva fase política, la derecha se iba debilitando a nivel político, electoral e ideológico.

La nueva fase política se caracteriza en general por seis situaciones: articulación opositora en torno a la “Nueva Mayoría”, fuerte crítica al neoliberalismo chileno en lo económico y en lo político, el despertar de la movilización social y ciudadana, la emergencia de nuevos actores al juego democrático, la crisis y descomposición de la derecha y la fuerza electoral de la actual oposición.

Todos estos rasgos, finalmente, confluyen hacia un solo momento: de que en esta nueva fase social y política el elemento central es la crítica y el jaque mate que se le ha hecho al modelo. En consecuencia, en los próximos años el capitalismo chileno será reformulado de modo sustancial a nivel político y económico.

Para la derecha, es un problema político mayúsculo enfrentar este nuevo escenario en una situación de triple debilidad: política, electoral e ideológica. Política, porque ha perdido credibilidad y capacidad de articular; electoral, porque ha sufrido dos derrotas contundentes –en las municipales y en la primarias--; e ideológica, porque sus ideas fundacionales están fuertemente cuestionadas.

En consecuencia, vive momentos complejos. En el corto plazo, debe acercarse a su piso electoral, defender sus posiciones parlamentarias y terminar lo mejor posible la gestión Piñera. A su vez, en el largo plazo debe refundarse y adaptarse a la condiciones de los nuevos tiempos. Por ello, el proceso de crisis y descomposición que padece el oficialismo no es más que la adaptación de sus ideas, de sus vínculos internos y de sus relaciones con la sociedad, a las condiciones del nuevo ciclo.


La refundación del sector –luego de 30 años— es la orden día. El rol que jugó Piñera en la coyuntura de los 40 años del golpe, es posible camino hacia ese objetivo político. Quizás, otro intento de fundar una nueva derecha. Una derecha sin subsidio político, reconciliada con su pasado y alejada del fundamentalismo económico. 

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