domingo, 14 de diciembre de 2014

El repunte de Bachelet, el futuro de su capital político y de la Nueva Mayoría

Diciembre-2014

La CEP se instala nuevamente en la coyuntura. Y cómo siempre, generando impactó y convirtiéndose en un actor político que genera efectos de poder. Luego de las últimas tres encuestas -en las que fueron fuertemente criticados sus resultados por la derecha en la de julio y octubre del 2013 y por la Nueva Mayoría en julio del 2014-, se instala con gloria y majestad en la coyuntura. Como siempre, el tablero político es remecido.

La encuesta, vino a ratificar, consolidar y convertir en “verdad absoluta” el hecho político de que el liderazgo de Bachelet se debilita; y con ello, el gobierno y su programa de “transformaciones estructurales”. Es más, también se debilitan sus principales atributos –los racionales y los emocionales-. En efecto, la CEP viene a ratificar lo que han venido mostrando desde hace algunos meses otros estudios de opinión pública -Adimark y Cadem-.

La CEP muestra entre julio y noviembre una caída en la aprobación de Bachelet de 50% al 38%. A su vez, la desaprobación sube del 29% al 43%. Por su parte, la medición de Adimark nos muestra una caída en la aprobación entre marzo y noviembre del 54% al 42% y un alza en la desaprobación del 20% al 52%. Si hacemos la comparación desde julio vemos que la aprobación entre julio y noviembre baja del 54% al 42% -manteniendo la misma tendencia anterior- y que la desaprobación sube del 36% al 52. Por su parte, Cadem muestra que entre marzo y noviembre la aprobación baja del 53% al 39% y la desaprobación sube del 22% al 50%. Si hacemos la comparación entre julio y noviembre vemos que la aprobación baja del 51% al 39% y que la desaprobación sube del 33% al 50%.

En correspondencia con esta tendencia –consistente, sistemática y evidente- hay un daño y un debilitamiento no sólo de los atributos de Bachelet –blandos y duros; racionales y emocionales-, sino también en el apoyo hacia las “reformas estructurales” de su gobierno.

En general, las encuestas muestran que el apoyo a las reformas del gobierno se ha ido debilitando. Si nos concentramos en la reforma educacional, vemos que en la CEP de julio mostro que la gente no quería reforma; incluso, el tema educacional no estaba entre las prioridades de la gente. En esta último, no hubo preguntas a ese respecto. Sólo, se observa que la educación se convirtió en la principal prioridad.

La Adimark nos muestra que entre mayo y noviembre estar “de acuerdo” con la reforma educacional baja del 58% al 36% -22 puntos-. A su vez, el “no estar de acuerdo” sube del 33% al 56% -23 puntos-. Al mismo tiempo, muestra que el ministro Eyzaguirre entre marzo y noviembre baja su aprobación del 64% al 32% y su desaprobación sube del 23% al 63%. Por su parte, Cadem muestra que la aprobación hacia la reforma educacional baja entre abril y noviembre del 60% al 33% y la  desaprobación sube en ese mismo período del 31% al 54%.

La realidad se hizo evidente. La CEP, por tanto, viene a develar lo que ya estaba instalado. Desde entonces, se abre una coyuntura en que cada actor utiliza sus datos para sus fines. Las especulaciones comienzan cuando la mandataria termina inesperadamente una visita a la octava región. Los rumores y presiones para un cambio de gabinete se intensifican. No hay cambio de gabinete en función de las encuestas dice Elizalde; da lo mismo el cambio, si la receta es mala se escucha desde la UDI, no es lo relevante afirma Andrade. Es un secreto a voces que habrá cambio de gabinete antes de marzo. La CEP pone de manifiesto el “déficit político-comunicacional” del gobierno y la mala administración y gestión que han tenido la reforma educacional.

La coyuntura, el clima político y los intereses en juego –que son muchos y millonarios- han comenzado a desacralizar el liderazgo de Bachelet. Se ha hecho evidente que no es “eterno” ni tampoco incombustible. Bachelet, ha bajado a la tierra del poder. Ha llegado el momento de ponerse el overol y poner en juego su capital político. Y al mismo tiempo, poner en la mesa el fortalecimiento de la educación pública y llevar la reforma a la sala. A un año de su triunfo electoral su liderazgo se ha secularizado y la asimetría de poder en relación a sus apoyos políticos ha tendido a equilibrarse.


Finalmente, como la política es dinámica, hay hacer dos consideraciones; la primera, que Bachelet ya vivió malos períodos en aprobación-desaprobación presidencial. De hecho, su peor período –septiembre del 2007- llegó a una aprobación del 35% y una desaprobación del 46%. Sin embargo, desde diciembre del 2008 comenzó su repunte hasta llegar al final de su mandato al 84% de aprobación. Piñera –con cifras, distintas y menores- también tuvo una fase de recuperación. En segundo lugar, sin duda, los dos últimos años serán de cosecha y repunte. Pero, hay una diferencia -no menor- que puede marcar el futuro de su capital político y de su coalición: el tiempo político actual es de “reformas estructurales” y el mapa político ha sido re-definido. Más reformas o menos reformas es el eje de la próxima presidencial. La implementación de la reforma educacional será definitoria.

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