sábado, 28 de marzo de 2015

Las Reformas, Marco Enríquez-Ominami y su camino a La Moneda

Marzo-2015

El debate presidencial que viene va girar en torno a una coyuntura en que los ciudadanos se van a pronunciar sobre la profundización, consolidación o retroceso de las reformas. Más reformas o menos reformas será la disyuntiva. En este contexto, ¿qué rol juega y que perspectivas se abren para Marco?

El posicionamiento de Marco Enríquez está directamente vinculado a la reformas y a la transformación social. Por ello, sus probabilidades presidenciales aumentan en la medida en que las reformas sociales y políticas que dominan la coyuntura gocen de “buena salud” y la ciudadanía este mayoritariamente por profundizarlas, al menos, estabilizarlas.

No podemos olvidar, sin embargo, otras dos condiciones para que Marco se convierta en Presidente de Chile: consolidar y aumentar su posicionamiento presidencial en las encuestas y resolver sus tensiones favorablemente con la Nueva Mayoría. Respecto de las encuestas, hemos observado en otros análisis, que está muy bien posicionado. Cómo la política es muy dinámica y las coyunturas cambian hay que seguir observando lo que dicen y reflejan las encuestas futuras. En esta ocasión, voy a poner atención en la “salud de la reformas” y de ahí proyectar las posibilidades presidenciales de Marco.

El tema de las reformas y su impacto en la opción presidencial de los progresistas no sólo se remite al apoyo ciudadano de las reformas –expresado en las encuestas-, sino también al espacio político para seguir instalado y profundizando la “era de las reformas”.

El Bacheletismo y la Nueva Mayoría instalaron la tesis de que el arrollador triunfo de Bachelet en la primaria y en la presidencial era un respaldo político a las “reformas estructurales” que el gobierno iba a impulsar. Lo mismo se hizo extensivo al triunfo parlamentario. Sin embargo, a medida que empezaba la gestión política de la nueva administración ese apoyo se iba diluyendo de manera paralela a cómo caía la aprobación presidencial, del gobierno y de los Ministros asociados a los proyectos emblemáticos.

La reforma tributaria. La medición de Plaza Pública-Cadem muestra que a comienzos de abril del 2014 el acuerdo con la reforma llegaba al 52%. Un año después la baja de 30 puntos porcentuales es muy significativa al llegar al 32%. A su vez, las cifras de Adimark muestran que el acuerdo con esta reforma baja seis puntos entre mayo del año pasado (51%) y febrero de este año (45%).

La reforma educacional. La medición de Plaza Pública-Cadem muestra que a fines de abril del 2014 el acuerdo con la reforma llegaba al 60%. Un año después la baja de 25 puntos porcentuales es muy significativa al llegar al 35%. A su vez, las cifras de Adimark muestran que el acuerdo con esta reforma baja 11 puntos entre mayo y febrero al bajar del 58% al 47%.

La reforma laboral. La medición de Plaza Pública-Cadem muestra que a fines de diciembre del 2014 el acuerdo con la reforma llegaba al 41%. Tres meses después a fines de marzo llegaba al 32%. No obstante, hacia mediados del 2014 esta reforma según a CEP gozaba de muy buena salud.

La reforma constitucional. A la fecha no hay mediciones que den cuanta del impacto que va teniendo su tramitación. No obstante, a fines del 2013 el 45% -según la CEP- estaba de acuerdo con una Asamblea Constituyente. Del mismo modo, en Enero del 2014, la encuesta del Cerc mostraba que el 71% estaba de acuerdo con una nueva constitución. La misma encuestadora muestra que en julio del 2013 el 37% considera que Chile “necesita una nueva constitución” y el 46% que sólo hay que “reformar” la actual constitución. En octubre del 2014 hay una baja en ambas respuestas; al 34% y 42% respectivamente. Lo más probable, es que al comenzar la tramitación de la nueva constitución el apoyo ciudadano disminuya del mismo modo como ha ocurrido con las otras reformas.

Por último, es interesante el dato de la CERC-MORI de enero de este año en el que el 47% de los encuestados afirma que “los cambios van en la dirección equivocada”. A su vez, el 41% considera que van “en la dirección correcta”. La pregunta de la CEP de mediados del año pasado acerca de “¿por qué cree que la gente escogió a Bachelet?” muestra que para el 54% fue “por la confianza en ella como persona”; sólo para el 26% fue por “su programa de gobierno”, es decir, por las reformas.

Los datos muestran, por tanto, que la “salud de las reformas” se comienza a deteriorar. El gobierno comprometido con la ciudadanía y con un programa que se le han atribuido características “religiosas” ha llevado adelante su ambicioso proyecto pagando altos costos políticos no sólo por problemas internos de gestión, comunicación y coordinación, sino también por la magnitud de los intereses en juego.

De hecho, al terminar este gobierno e iniciar la nueva administración –y con ello, el nuevo ciclo político- serán muchas las reformas significativas aprobadas e implementadas: tributaria, educacional, laboral, políticas y valóricas.

En este contexto: ¿qué reformas y en qué áreas se podrá seguir profundizando las reformas “contra-neoliberales?

Marco Enríquez inicio su proyecto presidencial en el 2009 con una intensa y potente agenda de transformaciones en el contexto de una sociedad que clamaba por cambios desde fines de los noventa. Sin embargo, fue la derecha con Piñera y la tesis del “cambio” y del “desalojo los que llegaron a La Moneda. No obstante, el 20% obtenido por Marco no sólo fue un gran resultado político y electoral, sino también un piso sobre el cual se levantaban grandes esperanzas para la siguiente elección. Luego, en las presidenciales del 2013 la oferta de cambio estuvo asociada a la imagen “religiosa” de Bachelet y la oferta de los progresistas fue anulada al bajar su votación de manera muy significativa.

Marco y los progresistas se enfrentan a una nueva competencia presidencial. Hemos visto y justificado que en las encuestas está en un lugar de privilegio. Sin embargo, esta posición se puede debilitar en la medida en que las reformas pierdan “aprobación ciudadana” y disminuya el espacio político para más reformas y cambios.

De algún modo, Marco está enfrentado a la necesidad política de “re-inventarse” e instalar un relato que por un lado de continuidad a los cambios y por otro “re-encante” a los ciudadanos con una agenda de cambio que al parecer se va diluyendo. No hay que olvidar que muchas de las propuestas de Marco y los progresistas ya forman parte del Chile actual o lo van a ser a fines de la actual administración: fin binominal, elección directa Cores e Intendentes, Voto chilenos en el exterior, fin lucro en educación, reforma tributaria, temas valóricos, etc.

Sin duda, quedaran aspectos prioritarios pendientes; sobre todo, si en esta fase no se avanza en reformas políticas y se ralentiza el cambio constitucional. Ellos se relacionan, principalmente, con  profundizar la democracia para transitar de una democracia representativa, liberal y clásica hacia una democracia participativa, ciudadana y más directa. En esa dirección, hay un amplio espacio para instalar reformas políticas como: referéndum revocatorio, límites a la re-elección, plebiscitos vinculantes a todos nivel, reducción dieta parlamentaria, iniciativa popular de ley, rendición de cuentas, congreso unicameral, régimen de gobierno semi-presidencial, federalismo atenuado, fomento de una democracia electrónica, etc.

En el plano de las libertades civiles e individuales siempre habrá espacio para avanzar en sentido progresista. Del mismo modo, hay espacio para profundizar la “era de las reformas” y transitar de una economía desregulada y especulativa a una economía regulada y productivista. En relación a los recursos naturales también hay espacio para re-inventar la agenda progresista; sobre todo, en relación al agua, los recursos pesqueros, forestales y mineros que, sin duda, serán los grandes pendientes de los próximos años.


En definitiva, las aspiraciones presidenciales de Marco y los progresistas son directamente proporcionales a la demanda ciudadana por cambios. Si estas últimas se debilitan, lo hará irremediablemente también la opción de Marco Enríquez. En consecuencia, el desafío político es mayor; sobre todo, en momentos en que las fuerzas conservadores de izquierda, de centro y derecha no están dispuestas a seguir perdiendo cuotas de poder.

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