miércoles, 13 de enero de 2016

El pacto PS-DC debilita la agenda reformista

Enero-2016

La idea general hace unos meses era que la próxima municipal fuera enfrentada al interior del oficialismo en un inédito esquema de alianzas. Todo indicaba que se avanzaba a la configuración de tres listas de concejales: la DC con los radicales, el PS con el PPD y el PC con el MAS –de Navarro- y la Izquierda Ciudadana -de Sergio Aguiló-. La novedad no sólo estaba en el número de pactos, sino también en que el “eje DC-PS” que sustento políticamente la vieja concertación había, definitivamente, llegado a su fin. El eje PS-DC “no existe” se había escuchado en innumerables ocasiones durante los últimos años. De este modo, se instalaba como “eje dominante” el sub pacto PS-PPD.

Sin embargo, y como la política es dinámica y siempre está pensando en el futuro, las intenciones y las voluntades comenzaron a cambiar radicalmente desde principios de noviembre. Tres hechos modificaron el panorama.

El primero, es el voto político que aprueba la DC en el Consejo Ampliado de principios de noviembre en el sentido de pactar con el PS una lista de concejales. El segundo, tiene que ver con el hecho de que la coalición, él gobierno y su proyección más allá de esta gestión se han ido debilitando fuertemente en las últimas semanas. Y por último, los cálculos electorales que muestran cuáles son los mejores rendimientos para lograr la mayor cantidad posible de concejales. Para el PPD no era una buena fórmula pactar con el PS.

El diagnóstico era evidente y contundente: la DC debía romper el aislamiento y el miedo a la orfandad al interior del oficialismo, el gobierno y la coalición necesitaban fortalecer sus compromisos y los partidos debían buscar el mejor rendimiento electoral posible. Las preguntas políticas, por tanto, eran: ¿cómo hacer que la DC no se sintiera “arrinconada” y se comprometiera con el gobierno y la coalición?, ¿cómo se fortalece el gobierno en una coyuntura compleja? Y ¿cuál es la fórmula electoral más adecuada para el mejor rendimiento electoral?

El resultado lo conocimos hace semanas: se reproduce con algunas variantes el esquema de las  municipales del 2012: dos listas: PS-DC y PPD, PC, PR. La variante, no sólo se relaciona al rol que va jugar el MAS y la Izquierda Ciudadana, sino también a la posibilidad de pactar con otros sectores de la izquierda progresista bajo una modalidad a definir.

 Este acuerdo instala dos preguntas: ¿a qué se compromete la DC con este acuerdo?: ¿a competir en la primaria?, ¿a seguir apoyando un socialista para conducir el ejecutivo?, ¿a seguir formando parte de un conglomerado con una agenda de reformas contra neoliberales?, ¿a seguir apoyando al gobierno, hasta el último día?  A su vez, ¿a qué se compromete el socialismo?: ¿a “subsidiar” a la DC?, ¿a moderar las reformas?, ¿a respetar “los matices”?, ¿a aceptar ajustes a la reforma laboral?, ¿a evitar arrinconamientos?

Sin embargo, independientemente, de las alianzas electorales internas que se configuren ya sea en dos o tres listas, el hecho político relevante es el acuerdo político-electoral entre la DC y los socialistas.

¿Qué implica este acuerdo?

Las características de la coyuntura condicionan fuertemente el acuerdo. Hoy, en un escenario complejo con una DC tensionada internamente y dominada por la lógica de “los matices”, el gobierno necesita fortalecer sus apoyos y el conglomerado requiere unidad, equilibrios y compromisos con el programa. El pacto PS-DC, por tanto, es la fórmula para asegurar estos objetivos.

De este modo, la DC reduce los incentivos para tensionarse con el gobierno y la coalición y aumentan las posibilidades de proyectar -más allá de este gobierno- el conglomerado y la agenda de transformaciones. Para lograr este objetivo, el PS se ha convertido en un partido de centro al interior de la coalición que busca articular, conducir y moderar. El PS ha debido frenar sus tendencias progresistas. A su vez, la DC se quede en el inmovilismo sin poder resolver sus tensiones internas que se expresan entre los progresistas y los sectores conservadores y neoliberales.

Sin embargo, el encuentro PS-DC no sólo se funda en consideraciones tácticas y coyunturales, sino también en consideraciones estratégicas e históricas que han ido perdiendo validez. De hecho, el relato que se ha construido afirma que el pacto político y electoral entre la DC y el PS es la condición para la gobernabilidad en un escenario de transformaciones. Es, por tanto, la centro-izquierda la única fuerza política viable para impulsar transformaciones en la sociedad chilena. La ruptura de septiembre de 1973, la recuperación, la transición, la estabilización, la consolidación democrática y la puesta en marcha de una agenda de “transformaciones estructurales”, son ejemplos de lo exitoso que ha sido el encuentro social y político entre los socialistas y la DC.

¿Qué efectos genera el pacto PS-DC?

Era un secreto a voces que en las bases del PS y en varios regionales no había interés político ni electoral de pactar con la DC. En dos meses se hizo un trabajo de joyería que permitió que los socialistas –de mala gana- aprobaran un acuerdo electoral que no estaba en su horizonte hace apenas dos meses. Hubo, finalmente, acuerdo a pesar de que la Falange –por lo menos en términos públicos- no se comprometió a primarias presidenciales ni a renunciar a la primera vuelta como había sido solicitado por el PS. Tampoco, los socialistas pudieron alinear a la DC con la reforma laboral. Los socialistas ganan y pierden. Este acuerdo neutraliza y debilita las fuerzas progresistas del socialismo y de la Falange.

Si bien, el pacto PS-DC es la mejor opción político-electoral para la coyuntura, se trata de una decisión que da cuenta de las debilidades, confusiones y fragilidades del conglomerado. El pacto PS-DC es un retroceso en el proceso de transformación en el Chile de la nueva fase. El pacto PS-DC frena las potencialidades progresistas de la Nueva Mayoría. El pacto PS-DC, en consecuencia, viene a neutralizar y postergar las decisiones estructurales que los partidos de la Nueva Mayoría deben tomar en torno a las diferencias y tensiones ideológicas y programáticas que existen en su interior y que generan los conflictos en el oficialismo.

¿De qué decisiones se trata?

La gran lección de este gobierno es que una gestión que impulsa una agenda de transformaciones para la inclusión –en el marco de una sociedad neoliberal- no sólo necesita de una conducción política clara, ordenada y coordinada, sino también de mayores grados de cohesión política, ideológica y programática. Esto es, justamente, la mayor carencia y debilidad del oficialismo. Ese es, su mayor pasivo.

En consecuencia, la proyección de la Nueva Mayoría requiere para ser eficiente coherencia ideológica y un fuerte compromiso programático. Estas condiciones, por si mismas, van a genera mayor disciplina y coordinación. Sin embargo, el pacto PS-DC no permite resolver estas contradicciones porque retarda la depuración ideológica del conglomerado al permitir que en su interior sigan coexistiendo sectores conservadores, neoliberales y progresistas y porque debilita las fuerzas progresistas de ambos partidos.

El pacto PS-DC logra salvar la coalición a corto plazo; pero, debilita la proyección del conglomerado y la agenda transformadora a mediano y largo plazo. 

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